martes, 2 de noviembre de 2010

LICÁNTROPOS - CAPÍTULO I (Por Miss Deshunae)

Nos encontrábamos debajo de uno de los árboles más grandes del bosque. Alrededor de una fogata, todos estábamos. Los líderes estaban dispuestos a animarnos, así que comenzaron con uno de los mitos más antiguos de nuestra especie. Alemania tomaba lugar del nacimiento del primer hombre que se convirtió en semihumano.

-          Ernst Levinsky vino aquí a Perú para explotar las riquezas tenía el país. Él era uno de los más grandes empresarios de Alemania. Durante el viaje, se le ocurrió una idea. Había oído una historia del imperio inca. Esta historia decía que los pobladores de este imperio habían hecho una tumba del Inca Pachacútec en lo más profundo de la selva. Se contaba que esta tumba estaba llena de riquezas y estaba bañada de oro. La ambición de este hombre no tenía límites, así que decidió traer a los mejores arqueólogos y exploradores de toda Alemania para que puedan internarse en la selva, con la condición de que lo mantuvieran en total discreción. A cambio, les daría la mitad de lo que encontraran en “El Dorado”.

La expedición comenzó. Los reclutados, quienes eran alrededor de 25, recopilaron historias de los nativos mientras atravesaban la civilización. Una de las historias contaba que la tumba de Pachacútec se encontraba resguardada por unas horribles fieras con ojos rojos, llenos de odio. Ernst, quien era un escéptico, les dijo que no se preocuparan y que siguieran su camino.

A medida que avanzaban por la selva, esta se hacía más peligrosa. Animales que desconocían y todo tipo de plantas que podrían causarles peligros, eran destruidos. Un camión de provisiones les seguía detrás. De los nativos, también encontraron varios mapas y en ellos se veían, alrededor de una zona cuadrada, rostros de bestias.

Una de las últimas noches en las que acamparon, extraños sonidos se escuchaban alrededor. Ernst y un grupo de exploradores salieron a investigar que sucedía.

En la mañana, los arqueólogos que se habían quedado en las carpas encontraron a Enst arrastrándose hacia el campamento sin una pierna.

-          ¡Las bestias me hicieron esto! – gritó con desesperación.

Ayudaron a Ernst a levantarse y le trajeron hacia un colchón. Ernst se encontraba perturbado y su cuerpo estaba lleno de arañazos. Explicó que fue el único que pudo escapar gracias a que subió a uno de los árboles. Enst le dijo que dejaran la expedición y regresaran a la civilización.

En la última noche de regreso, hubo luna llena. Ernst, al día siguiente, volvió a tener su pierna. Todos los que habían quedado en el campamento estaba sorprendidos y le preguntaron que había sucedido. Ernst…no tenía la menor idea de lo que le pudo haber pasado.


Continuará

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